Descubrimientos

Esta semana he hecho algunos descubrimientos. No tengo mucho tiempo para escribir, así que voy directa al grano.

Primer descubrimiento, que los niños con carácter tranquilo y obediente que hayamos tenido padres autoritarios y dominantes, hemos aprendido a agachar la cabeza y a reprimirnos (los niños rebeldes, se habrían rebelado). Y que este tipo de personas que hayamos sufrido una educación autoritaria, deseamos todo lo contrario para nuestros hijos y tendemos a ser padres permisivos. Pero que existe un pequeño peligro de que, habiendo sido enseñados hasta la médula a obedecer, que seguimos en ese rol e involuntariamente cambiamos un tirano (nuestros padres que nos mandaban) por otro (nuestro hijo que nos manda). Pero aunque tengamos este hándicap… el mero hecho de saberlo, de haberlo detectado, nos hace ganar la mitad de la batalla. El resto, pues a base de trabajo personal…

Segundo punto, relacionado con el anterior: La educación permisiva y respetuosa con el niño es buena, pero hay que añadir un ingrediente muy importante: el respeto hacia tí misma. ¡Y no olvidarte de él!! Sino criarás un niño “huracán”, impertinente y salvaje y que arrasa con todo a su paso. Es decir, sólo respetándole a él sin que tú te respetes, no le enseñarás respeto. Le enseñarás que él es el ombligo del mundo. Pero ojo, la solución no es dejar de respetar al niño. La solución es respetar al niño, pero además añadir respeto a tí mismo. Es vital que tú te respetes y te hagas respetar delante de tu hijo, pero sin dejar de respetarle a él. Para que él tome ese ejemplo completo de tí. ¿Hermoso, verdad?

Tercer descubrimiento: Conocer tus límites internos.  ¿Alguien sabe lo que es eso? Pues yo hasta que me hablaron de ellos tampoco tenía ni idea. Porque no es algo que nos enseñen y que se fomente y sin embargo, es absolutamente vital. Dedicamos la vida a destripar las vidas de los demás, pero…. ¿qué hay de la tuya? Nos encanta arreglar la vida de los demás, pero… ¿te has parado a pensar en qué eres, quién eres, de dónde vienes, hacia dónde vas… tú? Qué sientes, qué piensas, qué creencias y qué emociones definen cada una de las áreas de tu vida…

Y a raíz de esto, me voy al siguiente descubrimiento:

Yo me imagino la vida así: es como un puente con una autopista, dónde tú conduces a toda mecha, dirigiéndote a toda velocidad a algún lugar, adelantando a otros, disfrutando del coche que has elegido (todos queremos ser un Ferrari o un Mercedes, ¿verdad?…) pero, un día haces algo insólito: decides parar el coche en el arcén y te bajas, para inspeccionar qué hay debajo de la calzada, la que tan atrapada te tiene. ¿Qué es lo que soporta toda la estructura?

Allí abajo hace un poco de sombra, todo está un poco abandonado, hay silencio en comparación con el ruido de los coches que pasan zumbando por encima de la gruesa capa de hormigón que tienes sobre tu cabeza… y por fin, los ves: los pilares de tu vida.

Y entre ellos, quiero destacar uno (el cuarto descubrimiento): El pilar de tu cuerpo físico.

No es lo mismo el pilar de “tiempo para mí misma” que el pilar de “cuidar mi cuerpo”. Que sería lo mismo que “cuidar mi salud”, porque no escuchar la llamada del cuerpo es ir en contra de tu propia salud.

El pilar del cuerpo tiene cerca otro pilar construido con ladrillos hechos de “tengoqués” y “debería”, pegado con un cemento muy potente hecho a base de creencias generalizadas, frases hechas y “sabidurías populares” que van de boca en boca sin que nunca te las cuestiones.

Y entonces, cuando un día tu cuerpo te pide descanso, silencio y tiempo a solas; los “tengoqués” y “deberías” empiezan a escupir su veneno con urgentes señales de “tengo que dedicarme a mis hijos”, “tengo que atender a mi familia, tengo que hacer la cena, tengo que revisar los deberes, tengo que poner la colada”, “una mujer tiene que estar a lo que tiene que estar”, “las madres no tenemos treguas ni descansos, esto es así” y… ¿a quién hacemos caso, mujeres?

Aguantamos, nos relegamos a segundo lugar, ignorando la llamada del cuerpo y el instinto y hacemos el pilar del cuerpo débil y escuchimizado… no le damos la importancia que tiene… y vaya que si la tiene. En todo caso, lo confundimos con “tiempo para mí misma”. Y no es lo mismo porque tiempo para mí misma puede ser simplemente tomar un café tranquilo y pensar en mis cosas o irme de compras o dedicarme a alguna afición que tenga (pintar, coser, leer, hacer repostería…)… eso contribuye a mi salud mental en todo caso, pero no al cuidado del cuerpo en el plano físico puro y duro.

Quinto descubrimiento: (ya os dije que llevo unos cuantos): las emociones no atendidas, se quedan atrapadas en el cuerpo y dejan huellas o secuelas fí-si-cas. Una emoción es como una señal del cuerpo, es una llamada urgente. Siempre esconde una necesidad no cubierta. Así que ignorando la emoción, primero desaprovechamos la oportunidad de saber qué hay detrás (descubrir esa necesidad y satisfacerla, sanarla…) y segundo, reprimiendo la emoción, estamos volviendo el cuerpo loco. Si por ejemplo me enfado, mi cuerpo segrega adrenalina, el corazón late más deprisa… pero si yo no hago nada, no entro en acción, porque me reprimo (diciéndome “no hay que enfadarse tanto” por ejemplo o porque tengo miedo al conflicto), el cuerpo tiene que barrer las hormonas de alguna manera y va a segregar las de efecto opuesto y nos quedamos decaídos, tristes, deprimidos. Y al cabo de un tiempo, si esto se repite, entras en depresión a lo mejor porque tienes mucha ira acumulada dentro… ¿Qué fuerte, verdad? Y qué gran potencial… el de aprender a detectar qué siento y a gestionarlo adecuadamente – te llevaría a algo tan básico como entendernos a nosotros mismos. Y una vez que tú te conozcas y te aceptes (A de Aceptación), puedes entender y aceptar a los demás y una vez conseguido eso, seguro que ganas en calidad de vida (en A de Armonía, A de Amor, A de Alegría), ¿no lo veis así?

Yo sí. Además hay otra cosa – un quinto descubrimiento y medio, relacionado con esto de las emociones – a veces el reconocer lo que sientes y simplemente permitirlo, ya es un alivio en sí (A de Alivio). Porque tendemos a castigarnos mucho – al “me enfado porque estoy enfadada” – ¡encima! Así que, aprender a ser consciente de mis emociones y después, gestionarlas adecuadamente, es algo que me seduce, me apetece y… que es todo un descubrimiento para mí… un camino con A de Aprendizaje.

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