Un momento mágico

Anoche, cuando terminamos de leer los cuentos, cerré el libro, lo dejé a un lado de la cama y nos quedamos tumbados el niño y yo, los dos de lado, mirándonos. Los dos estábamos relajados y felices porque íbamos a dormir juntos. Al niño desde luego le encanta y para mí es infinitamente más fácil y en esta etapa debo confesar que me gusta notar su cálido y compacto cuerpecito cerca de mí. Cuando era bebé no me terminaba de encontrar cómoda con el colecho y no lo practicamos, pero ahora siempre que puedo, dejo que se cuele en mi cama.

La pequeña lámpara de la mesilla derramaba una cálida luz que enmarcaba la estampa con su tenue resplandor y en los pies de la cama, la gata nos observaba con su aire de silenciosa superioridad e imperturbable calma, sin duda esperando el momento de que apaguemos la luz para cruzar el colchón y acurrucarse contra mi cuello y dignarme con su concierto diario de ronroneo apasionado.

“Ya no más cuentos, cariño, vamos a dormir que son las diez y media, es tarde,” dije. Me estaba entrando un sueño que me caía.
El niño insistió: “Uno más!” pero seguía tumbado y quieto.
Yo dije despacio: “No… que mañana hay que madrugar y yo ya estoy muy cansada. Que descanses cariño…”

El niño se quedó callado un rato, como pensativo, dio un gran bostezo y luego se quedó con media sonrisa en la cara, mirando tranquilamente al vacío… y de repente, vi que se le cerraban los párpados, los volvió a abrir y acto seguido, empezaron a caerse despacito… yo no me atrevía decir ni mu, observaba fascinada el delicado momento cuando el dulce velo del sueño se posaba en él. Volvió a abrir los párpados, los volvió a cerrar… y se quedó frito. Dormido en un pis pás y lo más alucinante, pillé el momento, enterito, lo presencié…

A ver, en los 5 años y medio casi de maternidad, he notado como el peque se quedaba dormido a veces, porque le tenía en brazos y notas cómo su respiración cambia, cómo de repente se relaja y deja caer su peso muerto, cosas de éstas… pero nunca VI cómo se dormía.

Me quedé más maravillada todavía por lo rápido que pasó, por lo imprevisible que había sido (en un momento estaba protestando porque quería más cuentos y acto seguido, se quedó sopa) y por lo bonito que resultó…

Y es que cuando un niño se duerme, sucede algo mágico. Todos los padres conocen la sensación de alivio, de que por hoy ya está cumplida la tarea, de que hemos sobrevivido un día más, mañana será otro día, por fin respiro libre, el bendito silencio… y mientras contemplas a tu hijito o hijita durmiendo plácidamente, le perdonas todo y tu corazón no cabe en sí de amor. Sí, cuando están dormidos son unos angelitos y los quieres con absoluta devoción.

Tal vez por eso guardaré el recuerdo de anoche como un tesoro – el momento exacto de cuando le venció el sueño.

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